Cuidar mejor la forma de cuidar: Niño y Patria estrena su sistema de integridad
- Lo que en 2021 comenzó como una exigencia para acreditarse ante el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia -desarrollar un Modelo de prevención del delito- se transformó en una convicción: diez herramientas que funcionaban por separado hoy operan como un solo sistema, con el bienestar de la infancia en el centro.
Hace pocos días el directorio de la fundación Niño y Patria aprobó su Sistema integrado de ética, prevención y buen trato: diez herramientas que contemplan el Modelo de prevención del delito, el Código de ética, la selección de personas, la inducción y los canales de denuncia, entre otras. Todas ellas hoy funcionan como una sola, con una idea rectora: el bienestar de las niñas, niños y adolescentes.
“El desafío era desarrollar un sistema donde la prevención pudiera empezar antes de que alguien entre a trabajar a la fundación y donde cuidar la integridad institucional sea también cuidar a los equipos: la sobrecarga de quienes trabajan en las residencias es un riesgo real, y de su bienestar depende directamente la calidad del cuidado. Es parte de un proceso más grande de modernización y profesionalización para estar a la altura de lo que la infancia merece”, destacó Erica Ponce, directora ejecutiva de Niño y Patria.
El camino se remonta a la acreditación de la fundación como organismo colaborador del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Entonces la fundación tuvo que desarrollar un Modelo de prevención del delito, una herramienta casi desconocida para las organizaciones sociales en ese momento, pensada para prevenir delitos económicos y a la que recién por esos años se sumaron los delitos contra niños, niñas y adolescentes. Lo que llegó como una obligación normativa terminó marcando una forma de trabajar.
El sistema articula sus diez instrumentos en tres niveles: un marco rector (la Carta de integridad institucional) que ningún otro documento puede contradecir; un nivel de control y prevención con el Modelo de prevención del delito, el Protocolo de la ley Karin y el Reglamento interno; y un nivel de cultura y conducta con el Código de ética, el Código de conducta y la Política de inclusión, más los protocolos de selección, inducción e investigación de denuncias. La regla que los une es exigente: el incumplimiento de uno solo compromete todo el sistema.
Después de 63 años cuidando a la infancia vulnerada, la Fundación da hoy un paso más para cuidar también la forma en que lo hace.
