Valdivia diseña un nuevo estándar para residencias de protección: el proyecto “Casa Madriguera” toma forma
- La Escuela de Arquitectura de la Universidad Austral de Chile (UACh) y Fundación Niño y Patria impulsan “Casa Madriguera”, un proyecto de título que propone el rediseño de la Residencia Llacolén en Valdivia para fortalecer la vida comunitaria, el vínculo con la naturaleza y la eficiencia energética.
- Mientras avanza el diseño, la fundación inicia gestiones público-privadas para concretar una inversión que aspira a proyectarse como referencia replicable en todo el país.
¿Cómo se diseña un hogar cuando lo que está en juego no es solo la vivienda, sino la posibilidad real de reconstruir seguridad, vínculos y sentido de pertenencia? Esa es la pregunta que orienta el proyecto de rediseño de la residencia Llacolén de Niño y Patria en Valdivia, iniciativa desarrollada con el apoyo de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Austral de Chile (UACh) que busca elevar el estándar de habitabilidad en residencias de protección, desde una mirada donde la arquitectura se entiende como parte del cuidado.
La propuesta -a cargo de la estudiante Antonia Saldías como anteproyecto de título, con el acompañamiento del director de la Escuela de Arquitectura UACh, Alex Becker- se inspira en el concepto “casa madriguera”: un espacio que contiene y protege, sin aislar; que reconoce la necesidad de tranquilidad y al mismo tiempo fortalece la vida comunitaria. En un contexto donde el sistema de protección enfrenta desafíos de infraestructura y habitabilidad, este proyecto plantea una aspiración mayor: que desde la Región de Los Ríos pueda emerger un referente replicable para otras residencias y organismos colaboradores, aportando un modelo de diseño centrado en dignidad, seguridad y bienestar.
El anteproyecto se apoya en un atributo excepcional del lugar: su entorno natural. Desde allí, rescata lo valioso del paisaje y lo integra como dimensión cotidiana del habitar. Entre sus elementos estructurales destaca la recuperación de dos de los tres volúmenes existentes, la creación de una huerta central y la proyección de un parque, junto con una operación clave: conectar los volúmenes para mejorar la circulación interna y activar mayor comunicación y vida comunitaria. En la práctica, la idea es que la casa funcione como un solo cuerpo, con espacios que inviten a compartir, descansar y convivir, sin perder la posibilidad de recogimiento.
Alex Becker subrayó la responsabilidad y el alcance de este trabajo: “El desarrollo de este proyecto es muy importante por lo que significa como aporte a una necesidad real y concreta. Eso conlleva una responsabilidad especialmente relevante. Estamos muy motivados, el desafío ahora es avanzar a la etapa de proyecto, que nos permitirá profundizar en aspectos como la estructura, la envolvente, los sistemas sustentables de agua y energía, el tratamiento de residuos, la materialidad, la paleta de colores y el sistema constructivo. Todo esto permitirá enfrentar un proyecto definitivo con los antecedentes técnicos que se requieren”.
El proyecto considera también criterios contemporáneos de infraestructura social: incorporación de dormitorios con accesibilidad universal, estar y espacios comunes de esparcimiento, mejoras de seguridad y una planificación integral de flujos y conexiones. En sus próximos pasos, se proyecta sumar soluciones de eficiencia energética -energía solar, calefacción eficiente y recuperación de aguas lluvia- y una definición técnica más profunda de estructura, envolvente, materialidad y sistema constructivo, de manera de avanzar desde el anteproyecto hacia un diseño con condiciones reales de implementación.
Desde la experiencia de diseño, Antonia Saldías enfatizó la búsqueda de espacios que no sean solo funcionales, sino emocionalmente significativos: “Siempre quise desarrollar un proyecto con impacto social y cuando conocí la necesidad de la fundación tomé el desafío de inmediato, muy motivada y agradecida, porque no es común que un anteproyecto de título tenga posibilidades reales de materializarse. Lo más complejo ha sido tratar de cubrir todas las necesidades de los niños y de los equipos que trabajan en la residencia y diseñar espacios que no solo sean lindos, sino también estimulantes, acogedores y que den ganas de habitarlos”.
Y añadió el sentido del concepto que guía la propuesta: “La inspiración en la madriguera nace de la idea de contención y refugio: espacios donde se pueda estar tranquilo, pero conectado al resto. La idea es que todo funcione como una gran casa, una gran madriguera”.
Al tratarse de una propuesta académica, Casa madriguera constituye una base conceptual y programática que deberá ser retomada y desarrollada posteriormente por un equipo profesional para su etapa de ingeniería, especialidades y ejecución.
Esta iniciativa destaca porque el diseño avanza en paralelo a un segundo desafío: hacerlo posible. Niño y Patria ya comenzó la gestión de apoyos y recursos público-privados para materializar esta transformación, con una convicción explícita: que la inversión en infraestructura de cuidado no puede ser entendida como un gasto accesorio, sino como una condición habilitante para el bienestar y la reparación. La fundación busca, además, que el aprendizaje y los estándares que emerjan de este proceso puedan servir de base para otros organismos colaboradores, escalando el impacto más allá de una sola residencia.
La directora ejecutiva de Niño y Patria, Erica Ponce, destacó: “Este proyecto no es solo un rediseño arquitectónico: es una declaración sobre lo que creemos que debe ser un espacio de protección. Queremos que Casa madriguera sea un ejemplo desde la región para el país, demostrando que se puede diseñar con dignidad, seguridad y calidez y que esa calidad de espacio influye en la vida cotidiana, en la convivencia y en los procesos de cuidado y reparación. Por eso, mientras el diseño se sigue desarrollando, ya estamos movilizando alianzas y recursos público-privados para convertir este sueño en realidad y ojalá, en un modelo replicable”.
Con “Casa Madriguera”, UACh y Niño y Patria abren una conversación necesaria sobre infraestructura, cuidado y derechos: cómo se construyen espacios que no solo alojan, sino que reparan; que no solo ordenan funciones, sino que crean comunidad; y que, desde una región, pueden marcar un estándar para todo un sistema.

